Almeces robustos, pinos piñoneros puntuales y olivos bien ubicados conviven con lentiscos, aladiernas y romeros que estabilizan taludes y alimentan polinizadores. Gramíneas como Stipa y Pennisetum quiebran el viento y sombreados bajos evitan evaporación. En rotondas y parterres soleados se reservan floraciones austeras, mientras en patios escolares se eligen especies no alergénicas. La diversidad controla plagas sin químicos y mantiene interés todo el año con costes predecibles.
Jacarandas, cítricos amargos, tipuanas y moreras sin fruto otorgan sombra amplia y floraciones llamativas sin requerir riegos intensivos una vez establecidas. En arriates profundos se combinan adelfas resistentes con trepadoras que cubren pérgolas, aportando confort peatonal. Plantaciones en islas de calor se acolchan con triturado de poda local, cerrando ciclos. Seleccionar patrones adecuados y podar con ligereza evita heridas, hongos y pérdidas de agua por estrés innecesario.
Algarrobos, olivos y palmitos se combinan con lentiscos, lavandas y gramíneas tolerantes a la sal para soportar brisas marinas y suelos arenosos. En medianas se priorizan arbustos compactos que aguantan viento sin romperse. En parques, pinos y tamarices estratégicos aportan sombra ligera que no compite con céspedes de bajo riego. La plantación en otoño, el mulching mineral y los acolchados orgánicos afinan la humedad con muy poco aporte.